Lo que estamos haciendo
Hola a todos.
De sobra resulta decir que no soy un arduo estudioso de la Biblia; teólogo o filósofo, (con trabajos y sé de memoria Juan 3:16). No obstante, Dios ha estado poniendo en mi corazón algo bastante fuerte y con miras a reflexionar así como meditar en lo relativo al tema del ministerio.
¿Quién de nosotros alguna vez, se ha confrontado a sí mismo sobre su llamado?
¿Cuántos podemos estar seguros de que lo que estamos haciendo es realmente la voluntad de Dios?
Y por si fuera poco.
¿Cuantos realmente estamos haciendo lo que debemos hacer?
Te voy a contar algo que me sucedió el viernes 24 de Junio de este año.
Como muchos saben, participo en una compañía de teatro cristiano denominada “Parabole”, la cual ha sido de muchísima bendición y una estrategia bastante letal para quien no conoce de Dios.
Pues bien, desde que salí de Pachuca hacia la ciudad de México, algo sucedió dentro de mí un poco inusual (la neta de las netas) tuve una necesidad imperiosa de ponerme a orar por las personas que ese día verían la función. Fue algo bastante raro, pero sentía ese momento al Espíritu Santo tan fuerte y tan real en mi vida que en verdad resultó ser impactante. Ya te imaginarás la lluvia y el tráfico ¡biennnnn bonitooosss! en el Distrito Federal, al llegar a la dirección del evento, (la cual era un albergue para gente indigente) había un andador cubierto, en el cual habían muchas bancas. Ahí, podías mirar personas de todos los rostros, colores y edades. Así pues, al entrar y ver ese panorama, solamente una cosa paso por mi mente: “Oh Dios, toda esa gente necesita de Ti”, fue algo tremendo en mi vida. Dicho albergue tiene cinco o seis edificios, en los cuales se distribuye a los residentes de ahí por edades y por sexo. Puedo decir, que aun y con la migraña que llevaba, el logro para llegar a dicho lugar y la lluvia incesante, me sentí en mi elemento, esto es, empezaba a conocer realmente el verdadero motivo de mi estadía en esta vida y lo que vale la pena rifársela por Cristo, pues no solamente se trata de llegar puntual a la cita para dar la función, sino cargar material, vestuario, varios artículos , ayudar a los compañeros, poner el telón, orar y otras cosas más, que son propias de un ministerio y que aunque no lo creas, todo eso en conjunto coadyuvó a que al término de la función, mucha de esa gente terminara aceptando a Jesús como su salvador.
Solo para recordar y que no se nos olvide: cuando tienes la convicción de lo que haces, cuando tienes el pleno convencimiento de la gran comisión que debemos realizar, todo lo demás simple y sencillamente llega por añadidura. Luego entonces, no se te hace difícil tomar tu lugar en el ministerio, sin importar la actividad que debas realizar (sea la que sea). Chicos, el escenario es un gran lugar para la gente pequeña, no solo es tocar tu instrumento o poner en evidencia la voz de “Cenzontle” que Dios te dió, sino que el ministerio va más allá de esas simplezas. (No es fácil asimilarlo, pues el primero de la fila soy yo mismo, al seguir en ese proceso de entendimiento).
No nos perdamos la gran oportunidad y privilegio que tenemos de servir; nuestra actividad no solo se circunscribe al ámbito musical o artístico (según algunos así lo ponen en práctica); son los detalles, nuestra actitud, compromiso, disposición para realizar cualquier actividad que haya que hacer y nuestro sentir respecto a los que no conocen de Dios (el que tenga oídos para oír….).
Corolario a lo anterior: ¿Cuál es nuestro verdadero papel en el ministerio? ¿Ya nos cayó el veinte de lo que estamos haciendo? o ¿Nadamas nos estamos haciendo?
Dios te siga bendiciendo, para que tú sigas bendiciendo mi vida.
Erick González
Posted on November 13, 2011, in Alabanza. Bookmark the permalink. Leave a Comment.
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